TURISMO DE COMPRAS CON IDENTIDAD CULTURAL

TURISMO DE COMPRAS DE PRODUCTOS CON IDENTIDAD CULTURAL

El turismo de compras de productos con identidad cultural se refiere a la actividad del comercio de productos identificados con un destino como la artesanía contemporánea y tradicional, las industrias creativas locales de interés turístico, los productos gastronómicos, los diseños de vanguardia y los productos culturales tradicionales y contemporáneos, entre otros. Estrechamente relacionado con una visión económica y comercial que integra las industrias locales de cualquier territorio y cuyo punto de interés sea el turismo de compras.

Photo by Vignesh Moorthy
Photo by Vignesh Moorthy

Esta clase de turismo permite ofrecer al viajero una experiencia única y diferente para conocer y adquirir objetos, utensilios y otros productos elaborados exclusivamente en dicho destino turístico cuya identidad cultural se aprecia en la elaboración y el diseño de cada uno.

Esto se debe a que la cultura está vinculada a aspectos psicológicos al considerar la identificación de las características que conforman el patrimonio de un grupo social. Por lo tanto, podremos hablar de identidad cultural como el sentido de pertenencia a un territorio (con sus valores y sus sistemas de significados) basado en características comunes: idioma, tradiciones, ceremonias, ritos, formas de comportamiento social aceptadas por la mayoría, etc.

La puesta en valor y la salvaguarda de la identidad cultural son vitales para la comunidad debido a la explotación económica de la misma. Por esta razón, se pueden hacer vínculos entre la identidad cultural y el turismo como prácticas codependientes, dado que el turismo es una actividad basada en el desplazamiento de una persona a otro territorio distinto del que vive o trabaja con varios objetivos, principalmente recreativos, y donde esperan sumergirse en lo autóctono.

En este sentido, desarrollar planes y estrategias de mercado para ofrecer artículos de producción local o nacional nos presenta al turismo de compras como una actividad destinada a la adquisición de objetos que brindan al viajero diferentes experiencias de compra, tanto por el precio de cada producto que adquieren o por su significado y vinculación al destino.

Sin embargo, las principales características del turismo de compras con identidad cultural son los productos elaborados en el territorio, principalmente artesanías, elaborados con instrumentos y técnicas propias que dan un significado más humano al acto de producción. El trabajo artesanal implica una conexión con el artesano y el productor debido al contacto con los materiales naturales utilizados (madera, plata, vidrio, piedras preciosas, telas, etc.), apreciable en artículos y recuerdos que narran una historia local.

Al analizar la oferta de los destinos turísticos, las compras permiten al viajero tener una experiencia única y diferente al adquirir un producto elaborado exclusivamente en dicho destino donde la identidad cultural del territorio tiene un espacio relevante debido a las prácticas sociales y recreativas, costumbres y tradiciones. Las técnicas y materiales ancestrales de la cultura conforman el patrimonio de un grupo social, diferenciándolo de otros grupos sociales.

Los productos locales son los más valorados por los consumidores visitantes, al considerar el valor simbólico y la identidad cultural. Por lo tanto, la artesanía local, las obras de diseño local y otros productos derivados de las economías creativas del territorio dan autenticidad y consolidan la imagen de un destino turístico, junto con los rituales de compra y venta, conformando un motor de desarrollo económico que es reflejo del territorio y de la comunidad. Por este motivo, se convierten en un factor primordial de desarrollo, crecimiento económico y un segmento rentable para el destino, al considerar que las compras realizadas por los turistas ayudan a consolidar y resaltar la imagen, dando un posicionamiento positivo al lugar.

De esta manera, el creador experto encuentra una valorización del producto auténtico, en objetos de apreciación, valor e identidad cultural, que identifica un pasado, un hábito o una costumbre, que se transfiere al turista que compra, un sentido simbólico que permanece grabado en la memoria, una experiencia vivida que le otorga un sentido de pertenencia del lugar visitado.

Este enfoque creativo es una de las actividades de la Economía Naranja, noción desarrollada por Iván Duque y Felipe Buitrago (2013) que fomenta una política de crecimiento en diferentes actividades en el mundo del arte, basada en ideas que se transforman en beneficios tanto para la sociedad como para la economía. El territorio para generar crecimiento económico y empoderar a los emprendedores para que sigan con la promoción y difusión de los bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico y patrimonial. En consecuencia, el lado naranja de la economía surge del simbolismo del color que representa cultura, identidad, transformación y creatividad.

Photo by Kukuh Himawan Samudro
Photo by Kukuh Himawan Samudro

Por lo tanto, cada pieza artística, vista como diseño, textil, artesanía, danza, artes visuales, actividades escénicas, diseño editorial, cine, moda y música, es el producto de una creación en el campo del arte, una creación que se atribuye una función estética y social que puede ser explotada a través de esta economía que ha tenido un impacto positivo en el crecimiento general, el desarrollo, la creación de empleos y el bienestar de los ciudadanos.

Es importante afirmar que la identidad cultural nos une como comunidad y nos distingue del resto. Por lo tanto, nos conecta a través de la oferta y la demanda de productos y servicios, mediante el turismo de compras, al mantenernos mirando hacia el futuro sin perder de vista el pasado, con relación al objeto adquirido.

Este concepto también ocupa un espacio importante en las marcas de lujo o de alta gama donde la tradición, el modo de producción artesanal y la cantidad de productos ofrecidos y relacionados con un territorio o los productores, permiten una conexión entre el territorio de elaboración y el productor, incluso deslocalizando el punto de venta y compra del producto.