El mundo de la moda está cambiando, es cada vez más sostenible y responsable

Que Gucci haya limitado el número de sus colecciones anuales de 5 a 2, o que muchas marcas low cost se estén sumando a sacar campañas de ropa con materiales orgánicos y reciclados, no es ninguna coincidencia.

Cada vez la población es más consciente con el medio ambiente y apuestan más por productos con la etiqueta bio, sin plásticos, sin procesar y volviendo más a una cocina tradicional. Las nuevas generaciones están más concienciadas y eligen el transporte público frente al privado para moverse por la ciudad y buscan generar los menos residuos posibles junto al movimiento zero waste.

Dorweiler
Photo: Dorweiler

Tarde o temprano esta revolución iba a tocar el mundo de la moda, ya que, Según la ONU, esta industria es la segunda más contaminante del planeta y la cantidad de recursos que necesita es muy elevado. Por ejemplo, según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid, para fabricar un vaquero se necesitan entre 2.130 y 3.078 litros de agua.

Como dijo Heather Knight, del movimiento Fashion Revolution, durante la VI Jornada de Moda Sostenible en el Museo del Traje, “la sociedad consume un 400% más de ropa y tarda en desecharla la mitad de tiempo que hace 20 años”. Al igual que se instauró el fast food en la dieta de muchas personas a lo largo del mundo, también existe el fast fashion, siendo igual de perjudicial.

Según Ecologistas en Acción, en el fast fashion podemos encontrar una gran cantidad de químicos que, además de dañar el medio ambiente en su producción, también dañan nuestra piel, entre ellos muchos que afectan a nuestro sistema endocrino.

La comparación de la industria de la moda low cost con la comida rápida no es para nada descabellada. Primark, la primera cadena de moda en España en número de compradores, pertenece a la Associated British Food, una multinacional británica del sector de la alimentación que aplica el mismo modelo de negocio a todas sus empresas: son baratas, están en todas partes, su calidad es dudosa y se consumen con mucha rapidez.

El capitalismo con su consumismo inherente nos aboca a querer llevar las tendencias y estar a la última. Compramos mucha ropa, por lo que debe de ser barata para no arruinarnos, la usamos un par de veces hasta que deja de ser tendencia y la tiramos en la siguiente temporada. Comparando nuestro vestidor con el de nuestras abuelas, tenemos muchísima más ropa, pero la suya, al estar confeccionada a medida y ser de buena calidad, sentaba mejor y perduraba más en el tiempo, pero no era tan barata. Esa diferencia la pagan los trabajadores.

El 24 de abril se produjo la mayor catástrofe en la industria de la moda, el derrumbamiento de Rana Plaza, una fábrica textil de 8 plantas en Bangladés, donde murieron 1.134 trabajadores y hubo 2.000 heridos de una plantilla de 4.000.

El director de la policía industrial, Mostafizur Rahmán, acusó a los propietarios de las fábricas de ignorar las grietas que aparecieron un día antes del fatal accidente. “La Policía Industrial pidió a los dueños de las fábricas que paralizasen las operaciones tras descubrirse grietas”, dijo Rahmán a EFE, “pero ignoraron nuestras directivas y decidieron abrir sus unidades”.

Algunos de los heridos en el accidente acusaron a los responsables de las fábricas de obligarles a trabajar. “Ninguno de nosotros quería entrar al edificio, pero nuestros jefes nos forzaron”, dijo Nurul Islam, uno de los trabajadores heridos.

Conocidas empresas relacionadas con el complejo se comprometieron a pagar 40 millones de dólares (35 millones de euros) a un fondo de compensación; un año después solo habían pagado 15 millones. La mitad de las compañías ni siquiera habían dado nada.

Como consecuencia a este episodio, nació Fashion Revolution, una asociación sin ánimo de lucro que busca una revolución sistemática del mundo de la moda a través de acciones y campañas para lograr una industria global de la moda que conserva y restaura el medio ambiente y valora a las personas por encima del crecimiento y las ganancias. Buscan cambiar la forma en que se obtiene, produce y compra la ropa. En homenaje a las víctimas del Rana Plaza, celebran todos los 24 de abril la Fashion Revolution Week.

Muchas personas comienzan a abrir los ojos y toman más consciencia de la problemática del mundo de la moda, tanto a nivel medioambiental como ético. Una nueva generación de consumidores exige un valor añadido a la calidad y autenticidad: la sostenibilidad.

Siguiendo esta línea, muchos eventos importantes han solicitado en su etiqueta prendas sostenibles para dar ejemplo, como ocurrió en la gala de los premios BAFTA el pasado febrero del 2020. Aunque en otros premios no era requerido, como en los Oscar o los premios del Sindicato de Actores, muchos de los asistentes llevaron vestidos reciclados, como Jennifer Aniston, Penélope Cruz, Jane Fonda, Joaquin Phoenix o Margot Robbie, entre muchos otros.

Quien destaca entre las grandes estrellas es Emma Watson, una de las primeras en ir a las alfombras rojas con prendas sostenibles. Todos los vestidos que llevó durante la gira promocional de La Bella y la Bestia estaban certificados por Eco-Age, una organización que vela por la ética en la moda. De hecho, en la premier de Londres lució un vestido de Emilia Wickstead, confeccionado únicamente por mujeres con los excedentes textiles de una fábrica y con un sueldo digno.

En el mundo de la Alta Costura, la pionera fue Stella McCartney, que presentó la primera colección de moda sostenible en la pasarela. Todo en su colecciones es vegano, excepto la seda, aunque es extraída de los gusanos mediante un innovador proceso que evita cocerlos vivos.

Hace años, la moda ecológica era sinónimo de fealdad, pero muchas marcas han unido la sostenibilidad y la estética, entre ellas, las que componen la Alta Costura. Bottega Veneta, Ralph Lauren, Balenciaga o Gucci, que hace un mes declaró que quería apostar por la slow fashion y presentar 2 colecciones al año en lugar de 5 como hacían habitualmente, insisten que la ética y la estética pueden ir de la mano. Dentro del sector de la moda, destaca el conglomerado francés de empresas de lujo Kering, la compañía más sostenible de la industria de la moda que cuenta con firmas como Gucci, Yves Saint Laurent o Balenciaga.

La exigencia por una moda más responsable ha llegado también a las marcas low cost. Hace unos años, Zara sacó una nueva colección llamada Join Life, en la que trabajan en nuevos procesos y materias primas que les ayuden a reducir el impacto de sus productos.

Aparece el ‘slow fashion’, la respuesta al consumo y producción exagerada de la moda.
Se comienza a buscar una moda sostenible con el medio ambiente y ética con sus trabajadores.
Cada vez son las marcas que siguen una línea más consciente.Cada vez son las marcas que siguen una línea más consciente.ZARA
Que Gucci haya limitado el número de sus colecciones anuales de 5 a 2, o que muchas marcas low cost se estén sumando a sacar campañas de ropa con materiales orgánicos y reciclados, no es ninguna coincidencia.

Cada vez la población es más consciente con el medio ambiente y apuestan más por productos con la etiqueta bio, sin plásticos, sin procesar y volviendo más a una cocina tradicional. Las nuevas generaciones están más concienciadas y eligen el transporte público frente al privado para moverse por la ciudad y buscan generar los menos residuos posibles junto al movimiento zero waste.

Tarde o temprano esta revolución iba a tocar el mundo de la moda, ya que, Según la ONU, esta industria es la segunda más contaminante del planeta y la cantidad de recursos que necesita es muy elevado. Por ejemplo, según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid, para fabricar un vaquero se necesitan entre 2.130 y 3.078 litros de agua.

Fashion Week Madrid: ¿Es sostenible estar a la moda?

Como dijo Heather Knight, del movimiento Fashion Revolution, durante la VI Jornada de Moda Sostenible en el Museo del Traje, “la sociedad consume un 400% más de ropa y tarda en desecharla la mitad de tiempo que hace 20 años”. Al igual que se instauró el fast food en la dieta de muchas personas a lo largo del mundo, también existe el fast fashion, siendo igual de perjudicial.

Según Ecologistas en Acción, en el fast fashion podemos encontrar una gran cantidad de químicos que, además de dañar el medio ambiente en su producción, también dañan nuestra piel, entre ellos muchos que afectan a nuestro sistema endocrino.

La comparación de la industria de la moda low cost con la comida rápida no es para nada descabellada. Primark, la primera cadena de moda en España en número de compradores, pertenece a la Associated British Food, una multinacional británica del sector de la alimentación que aplica el mismo modelo de negocio a todas sus empresas: son baratas, están en todas partes, su calidad es dudosa y se consumen con mucha rapidez.

El capitalismo con su consumismo inherente nos aboca a querer llevar las tendencias y estar a la última. Compramos mucha ropa, por lo que debe de ser barata para no arruinarnos, la usamos un par de veces hasta que deja de ser tendencia y la tiramos en la siguiente temporada. Comparando nuestro vestidor con el de nuestras abuelas, tenemos muchísima más ropa, pero la suya, al estar confeccionada a medida y ser de buena calidad, sentaba mejor y perduraba más en el tiempo, pero no era tan barata. Esa diferencia la pagan los trabajadores.

El 24 de abril se produjo la mayor catástrofe en la industria de la moda, el derrumbamiento de Rana Plaza, una fábrica textil de 8 plantas en Bangladés, donde murieron 1.134 trabajadores y hubo 2.000 heridos de una plantilla de 4.000.

El director de la policía industrial, Mostafizur Rahmán, acusó a los propietarios de las fábricas de ignorar las grietas que aparecieron un día antes del fatal accidente. “La Policía Industrial pidió a los dueños de las fábricas que paralizasen las operaciones tras descubrirse grietas”, dijo Rahmán a EFE, “pero ignoraron nuestras directivas y decidieron abrir sus unidades”.

Algunos de los heridos en el accidente acusaron a los responsables de las fábricas de obligarles a trabajar. “Ninguno de nosotros quería entrar al edificio, pero nuestros jefes nos forzaron”, dijo Nurul Islam, uno de los trabajadores heridos.

Conocidas empresas relacionadas con el complejo se comprometieron a pagar 40 millones de dólares (35 millones de euros) a un fondo de compensación; un año después solo habían pagado 15 millones. La mitad de las compañías ni siquiera habían dado nada.

Como consecuencia a este episodio, nació Fashion Revolution, una asociación sin ánimo de lucro que busca una revolución sistemática del mundo de la moda a través de acciones y campañas para lograr una industria global de la moda que conserva y restaura el medio ambiente y valora a las personas por encima del crecimiento y las ganancias. Buscan cambiar la forma en que se obtiene, produce y compra la ropa. En homenaje a las víctimas del Rana Plaza, celebran todos los 24 de abril la Fashion Revolution Week.

Muchas personas comienzan a abrir los ojos y toman más consciencia de la problemática del mundo de la moda, tanto a nivel medioambiental como ético. Una nueva generación de consumidores exige un valor añadido a la calidad y autenticidad: la sostenibilidad.

Siguiendo esta línea, muchos eventos importantes han solicitado en su etiqueta prendas sostenibles para dar ejemplo, como ocurrió en la gala de los premios BAFTA el pasado febrero del 2020. Aunque en otros premios no era requerido, como en los Oscar o los premios del Sindicato de Actores, muchos de los asistentes llevaron vestidos reciclados, como Jennifer Aniston, Penélope Cruz, Jane Fonda, Joaquin Phoenix o Margot Robbie, entre muchos otros.

Quien destaca entre las grandes estrellas es Emma Watson, una de las primeras en ir a las alfombras rojas con prendas sostenibles. Todos los vestidos que llevó durante la gira promocional de La Bella y la Bestia estaban certificados por Eco-Age, una organización que vela por la ética en la moda. De hecho, en la premier de Londres lució un vestido de Emilia Wickstead, confeccionado únicamente por mujeres con los excedentes textiles de una fábrica y con un sueldo digno.

Buscher
Photo: Buscher

En el mundo de la Alta Costura, la pionera fue Stella McCartney, que presentó la primera colección de moda sostenible en la pasarela. Todo en su colecciones es vegano, excepto la seda, aunque es extraída de los gusanos mediante un innovador proceso que evita cocerlos vivos.

Hace años, la moda ecológica era sinónimo de fealdad, pero muchas marcas han unido la sostenibilidad y la estética, entre ellas, las que componen la Alta Costura. Bottega Veneta, Ralph Lauren, Balenciaga o Gucci, que hace un mes declaró que quería apostar por la slow fashion y presentar 2 colecciones al año en lugar de 5 como hacían habitualmente, insisten que la ética y la estética pueden ir de la mano. Dentro del sector de la moda, destaca el conglomerado francés de empresas de lujo Kering, la compañía más sostenible de la industria de la moda que cuenta con firmas como Gucci, Yves Saint Laurent o Balenciaga.

La exigencia por una moda más responsable ha llegado también a las marcas low cost. Hace unos años, Zara sacó una nueva colección llamada Join Life, en la que trabajan en nuevos procesos y materias primas que les ayuden a reducir el impacto de sus productos.

Zara colabora con la ONG Canopy y con otras empresas del sector textil para garantizar que se respeten los bosques antiguos y protegidos en la producción de fibras como el rayón y la viscosa y sus productos no contendrán fibras de bosques antiguos o bosques en peligro de extinción a partir de 2020. También utilizan productos químicos que no ponen en peligro la salud ni al medio ambiente y garantizan vertido cero de los mismos.

Hace casi 10 años, H&M lanzó Conscious Collection, una gama de prendas realizadas con materiales más respetuosos con el medio ambiente como el algodón orgánico, Tencel y poliéster reciclado. Desde esta colección intentan concienciar sobre el consumo de moda e innovar en la misma, como utilizar nuevos tejidos vegetales o producir un vestido residuo zero. Al igual que Zara, también tienen en sus tiendas puntos habilitados para recoger ropa y reciclar los tejidos.

Siguiendo a Zara, ya que también pertenece a Inditex, Bershka apuesta por una moda ética con su colección Join Life. Usando prácticas más sostenibles y poniéndose varios objetivos para los años 2020, 2023 y 2025 como tener tiendas ecoeficientes, eliminar los plásticos, embalajes sostenibles, producción 100% sostenible, residuo zero y que el 100% de sus tejidos sean sostenibles.

Una de las últimas en unirse a la moda sostenible ha sido Mango con su colección cápsula permanente Committed. Esta colección se enmarca en el proyecto Take Action, que engloba todas las iniciativas orientadas hacia la creación de un modelo de negocio en línea con criterios sostenibles y procesos con menor impacto ambiental. En ella utilizan materiales y tejidos sostenibles y las prendas están producidas en fábricas “de cercanía” de Portugal, Turquía y Marruecos.

Aparece el ‘slow fashion’, la respuesta al consumo y producción exagerada de la moda.

Se comienza a buscar una moda sostenible con el medio ambiente y ética con sus trabajadores.

También hay marcas españolas que se dedican a crear 100% moda sostenible y comprometida con el medio ambiente, como es el caso de Ecoalf. Esta marca española está comprometida con el planeta, con el ecosistema y con las personas. Además de elegir materiales de bajo impacto ambiental, también utilizan basura como materia prima permite minimizar el consumo de los recursos naturales, creando prendas de alta calidad.

Debido a su alto compromiso, tanto con las personas, como con el medio ambiente y los animales, sus prendas no entran dentro del low cost, pero con los beneficios en 2015, Ecoalf a través de su Fundación y con el apoyo de HAP Foundation, se embarcó en su proyecto más ambicioso: Upcycling the Oceans, una aventura mundial que ayudará a eliminar los desechos marinos del fondo de los océanos gracias al apoyo de los pescadores.

Vestir de forma sostenible no tiene por qué ser caro, al igual que alimentarse de esta misma forma, pero hay que saber cómo hacerlo bien. Las tiendas de segunda mano y vintage son un buen comienzo, pero también podemos reutilizar nuestra propia ropa y reducir la frecuencia en que la compramos, apostando por prendas sostenibles y de calidad.

Para reconocer si una marca es o no sostenible, hay que fijarse en si los tejidos son orgánicos, si tiene certificaciones medioambientales, si son eco diseño, si tienen pocos residuos, si no usa materiales tóxicos, si su packaging es sostenible, si tiene unas condiciones laborales justas, si participa en el comercio justo, si es de producción local y si apoya iniciativas sociales.

Author: Rut Garrido, 20Minutos